EDIFICIO FLATIRON

NUEVA YORK

El edificio Flatiron es un rascacielos de ochenta y siete metros de altura. Edificio clasicista en su articulación externa, respeta la escala de las calles adyacentes que lo rodean y que se eleva libre, el edificio se basa en una planta triangular, que se aprecia especialmente bien desde la adyacente Madison Square.

Su autor fue el arquitecto e ingeniero, Daniel Hudson Burnham, quien también fue autor de varias obras como la Estación Ferroviaria Union en Washington y algunos de los más importantes rascacielos construidos entre la década de los ochenta y noventa del siglo XIX y los primeros años del siglo XX en Chicago. La torre recibió su nombre oficial de George A. Fuller, fundador de la empresa constructora que financió la obra.

Aquellos primeros rascacielos fueron una de las expresiones arquitectónicas con las que se consolidaba la civilización industrial. El rascacielos es uno más de los artefactos de progreso nacidos del desarrollo tecnológico moderno. El acero como material constructivo que permitía el planteamiento de una innovadora solución para la planificación urbana para la metrópolis estadounidense en aquellos tiempos.

Gracias a la estructura de acero interna que sostiene al Edificio Flatiron, a partir de ese entonces se pudieron empezar a revestir las fachadas de los nuevos rascacielos con un sistema de muro cortina, de ahí su importancia hasta nuestros días; este sistema estructural innovador iniciado por la Escuela de Chicago en el último tercio del siglo IXX se está implementando hoy en día en el diseño de numerosos rascacielos y edificios altos de vanguardia.

El orgullo de aquellos rascacielos levantados con la energía del espíritu de finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX radicaba en su verticalidad, una verticalidad que se fundaba en la redefinición del esquema de basamento, fuste y capitel de la columna clásica: «Debe ser alto, hasta la última pulgada debe ser alto. La fuerza y el poder de la altura deben existir en él...una unidad sin una sola línea disidente», escribió Louis Sullivan, otro de los artífices de aquellas estructuras que se alzaban al cielo. La Escuela de Chicago, de la que Burnham fue uno de sus protagonistas, fue la que interpretó simbólicamente la altura del rascacielos como expresión metafórica del poderío de su tiempo y como su fundamento esencial de belleza.

Los materiales empleados en la fachada de estilo Bellas Artes son la piedra caliza combinada con paneles de terra-cotta de diferentes formas almohadilladas. Existen también en las diferentes fachadas varios motivos ornamentales de influencia Renacentista francesa e italiana. El Flatiron Building, por su estilo, sus formas y como todo un símbolo indiscutible de la Historia de Nueva York y de los Estados Unidos de Norteamérica, fue declarado Monumento Nacional en el año 1989; el famoso edificio también está inscrito en el Registro Nacional de lugares Históricos desde el año 1979.

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