The Jewish durning
the Crusade:

Yovanka Rosas, World History

Jerusalem y Judaismo.

  • Cristo se sacrifico por la humanidad en Jerusalen. Su crucifijificcion y su enterramiento ocurrieron donde ahora se encuentra el Santo Sepulcro en la ciudad de Jersualen. Jerusalen era la antigua capital del reino de Rey David y sus descendientes. Su hijo Rey Salomon construyo el Primer Gran Templo donde se ubica ahora la Cupula de la Roca. Aunque el Gran Templo este destruido, los judios consideran este lugar el mas sagrado del mundo.

     Si Jerusalem es sagrada para tres religiones, se pregunta Don Confuso algo malhumorado ¿por qué debe gobernar en ella el judaísmo en exclusividad?. Parece tener razón en su reclamo. Parece. La verdad es que no solamente el judaísmo no debe gobernar, sino que de hecho no gobierna. No es el rabinato ni la Jevra Kadisha quienes administran la ciudad; es el Estado del pueblo judío. Lademanda judaica para con Jerusalem no es religiosa: es nacional.

Por ello, Don Confuso hallará respuestas mucho más rápidas cuando reformule su pregunta de este modo: "si el pueblo judío no es el único que exige Jerusalem, ¿por qué le asiste ese derecho en exclusividad?" Así sí, podemos encaminarnos a entender la cuestión.

Hace casi tres milenios, el profeta Isaías creó la parábola de una "Jerusalem de los cielos", ciudad a la que la tradición judaica terminó por adjudicarle dos roles: que precede a todo lo existente y que, al final de la historia, unirá a la humanidad entera. La cristiandad, que reconoce en ella su cuna, se concentró en el arquetipo.

La ciudad inspiró durante toda la Edad Media. En Francia, canciones de gesta. Además de la Canción de Rolando, el Ciclo de Carlomagno es un grupo de poemas franceses medievales que incluyen el Peregrinaje de Carlomagno a Jerusalem.

En Inglaterra, poemas épicos. En los veinticuatro cuentos que conforman la colección de los Canterbury de Geoffrey Chaucer, el prólogo introduce a la treintena de personajes en la taberna de Sothwark. Entre ellos el párroco transformaba ese peregrinaje primaveral al sepulcro de Thomas Becket, en un viaje espiritual a Jerusalem.

En el Renacimiento italiano, epopeyas como Jerusalem Liberada de Torcuato Tasso, en la que una romantización de la Primera Cruzada alaba a los portadores del ideal religioso, siempre sintetizado en Jerusalem.

De esa aureola de santidad, la ciudad nunca logró desembarazarse. Cuando Francois de Chateaubriand, uno de los más tempranos románticos franceses, muestra su fascinación por lo exótico, lo hace en un Itinerario de París a Jerusalén. El himno nacional-religioso de Gran Bretaña lleva por título Jerusalem; es uno de los cuartetos más bíblicos y conmovedores de William Blake. Así escribió el poeta y así cantan los británicos hasta el día de hoy: "No cesaré en mi lucha mental/ ni dormirá mi espada en mi mano/ hasta que hayamos construído Jerusalem/ en la verde y agradable tierra inglesa".

Tanto verso y epopeya han distorsionado la comprensión de la Jerusalem real. Sobre todo desde que la hiperespiritualización con la que arremetiera el cristianismo, virtualmente se universalizó con el Islam. Cuando se habla de Jerusalem se alza la vista a los cielos y pocas veces se piensa en la polis concreta.

Latinoamérica no divergió de esa idealización. Más de una década antes que Tasso, se conoció la más antigua poesía escrita en el Río de la Plata: el Romance Elegíaco de Luis de Miranda de Villafaña, clérigo de la expedición de Pedro de Mendoza. Un pasaje de estas coplas compara la hambruna que padeció Buenos Aires en 1537, cuando la sitiaron los querandíes, con el sitio de Jerusalem a manos de Tito el romano: "Allegó la costa a tanto/ que, como en Jerusalén,/ la carne de hombre también / la comieron". Esos versos rudimentarios son el primer documento de la conquista del Río de la Plata, y muestran que aun en las letras hispanoamericanas el heroísmo, o la entereza, se hierosolimitan.

Para Latinoamérica, sin embargo, la idealización no impidió un contacto más realista con la ciudad y con los exclusivos derechos nacionales (no religiosos) que posee en ella el pueblo judío. De los trece países que tenían aquí su embajada hasta fin de 1980, doce eran latinoamericanos. Igualmente lo fueron las únicas dos embajadas que se restablecieron en Jerusalem cuando ese año Irak y Arabia Saudita encabezaron la exitosa campaña para que se retiraran las representaciones diplomáticas de Jerusalem.

También en esto Israel es especial, puesto que constituye el único Estado soberano, de casi doscientos que hay, al que se le cuestiona su derecho de decidir la sede de su capital. En la mayor parte de los mapas, se marca Tel Aviv como capital de Israel.

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