Pensar la dictadura

El 24 de marzo de 1976 los edificios de gobierno, el Congreso Nacional y numerosas estaciones de radio y televisión de las principales ciudades del país fueron ocupadas por las FFAA. El golpe militar de 1976 pretendió producir cambios irreversibles en la economía, el sistema institucional la educación, la cultura, y la estructura social, partidaria y gremial. Los hechos que precedieron a esta situación fueron múltiples y complejos.

En el ámbito económico se evidenciaba un estancamiento general y la perspectiva no era para nada alentadora. El aumento del precio internacional del petróleo y la depreciación de los alimentos anunciaban crecientes desequilibrios de la balanza de pagos. La inflación se aceleraba. Entre marzo de 1975 y marzo de 1976, los precios subieron el 566,3%. No hay que olvidar el “rodrigazo” (que consistía en un paquete de medidas de devaluación y ajustes) que motivó una reacción sindical que afectó en gran medida al Ejecutivo. El déficit público alcanzó el record de 12, 6 del PBI.

El ambiente social estaba caldeado. Un diario publicó, por marzo de 1975 que en el país se registraba un asesinato político cada 5 horas, mientras que cada 3 estallaba una bomba. La escalada de violencia había ganado las calles, a punto tal que en diciembre de 1975 se habían contabilizado 62 muertos originados por la violencia política, y en enero del año siguiente ascendieron a 89 y 105 en febrero. La mayor parte de estas muertes tenían que ver con bandas paramilitares que recorrían las calles sujetando sus armas ante la vista de los transeúntes y el silencio cómplice de las autoridades.

En el ámbito político, el Gobierno y el peronismo se debatían en grandes conflictos internos, que les impedían reaccionar frente al avance sostenido de los militares.

María Estela Martínez de Perón, Isabel, hacía esfuerzos para convencer sin éxito a los jefes militares y a los grandes empresarios de sus destrezas para ordenar el poder de los sindicatos, desactivar las luchas facciosas que dividían el peronismo y llevar a cabo una limpieza de los “elementos subversivos infiltrados”.

Este panorama hacía difícil encontrar una salida institucional al país. Hay que poner de relieve como elemento de importancia en el proceso de surgimiento de la dictadura militar que por entonces la porción de la dirigencia política y sindical que veía con recelo el regreso de los militares al poder carecía de la fuerza de voluntad, las convicciones y las perspectivas suficientes para lanzarse a la resistencia.

La sociedad estaba debilitada y desactivada. Existía una creencia que la única salida era la instauración de un gobierno militar. . Esta actitud reposaba principalmente en los sectores empresarios y la jerarquía católica y de la cual no estaba exento un amplio sector político. Existía la ilusión de que el nuevo gobierno llegaba con la promesa de poner fin a los desordenes provocados por la guerrilla y por las bandas de ultraderecha peronistas. A los ojos de la voluble opinión pública los activistas de izquierda eran considerados como los verdaderos responsables de las excitaciones y se veía como necesario su castigo. En ese marco de caos y desgobierno, con el fantasma de la “disolución nacional” creció la idea de que los militares eran la garantía última de unidad y orden.

No hay que dejar de mencionar como factor impulsor del golpe de estado la posición de las clases altas, la gran burguesía financiera, industrial y terrateniente que intentaban vulnerar todos los intentos de ordenamiento económico que afectaban de alguna manera sus intereses (por ejemplo, a través de un juego inflacionario cuyas reglas no escritas conocían mejor que nadie), y desde diciembre de 1975 ya trabajaban decididamente en la ofensiva golpista (el golpe de estado fue precedido por un lock out inspirado por Martínes de Oz, futuro minsitro de economía).

Respecto de la situación de las Fuerzas Armadas, como queda dicho anteriormente, si bien existía un gran recelo por parte de un amplio sector de la sociedad que no veía con buenos ojos una nueva intervención de los militares en el gobierno, lo cierto es que las FFAA recibieron del Gobierno constitucional la autorización para “aniquilar” las guerrillas ( ERP, FAR y Montoneros), lo que significaba un explícito reconocimiento de su rol decisivo en el “conflicto fundamental” y en el orden que resultaría de su resolución.

Analizando las diferentes causas que colaboraron a la instauración de la dictadura militar, afortunadamente en la actualidad esto está muy lejos de repetirse ya que luego de 30 años de gobiernos democráticos ininterrumpidos se ha generado en la sociedad una tradición política y cultural democrática arraigada en grupos sociales amplios, tanto populares como acomodados, con una experiencia de gestión de gobierno que repelen cualquier otra concepción de gobierno que no sea republicano y democrático, sin perjuicio de las deficiencias que todo gobierno pueda tener.

También es de resaltar que la situación actual de las FFAA no es la misma que entonces. En efecto, en la actualidad las fuerzas del orden no son concebidas como un recurso disponible sin límites que permita equilibrar las cosas frente a los grupos de presión, sino que las mismas actúan al servicio de la democracia, para fortalecer las instituciones y no para reemplazarlas. No hay que dejar de mencionar que justamente por las experiencias del pasado, existe una reacción generalizada al autoritarismo, con una profunda reivindicación de la democracia como el único camino que garantiza la protección de los derechos individuales y colectivos, con la debida asunción de las responsabilidades y dificultades inherentes a todo gobierno. La noción republicana del gobierno de la ley se encuentra bastante afianzada en las instituciones actuales.

Dicho esto, y sin dejar de poner de relieve que la democracia actual se encuentra afianzada, hay que reconocer que se viven tiempos de una cierta intolerancia que recuerda los tiempos anteriores al golpe, salvando las distancias. En efecto, se evidencia en la actualidad vocaciones totalizantes, con una tendencia a percibir cualquier diversidad como antagónica. Los actores sociales acostumbran concebir cada acción, ya sea propia o ajena, en la lógica amigo-enemigo. Esta conducta puede ser peligrosa ya que uno de los pilares de la democracia es la tolerancia ante la opinión ajena, y por sobre todas las cosas la convivencia pacífica a pesar de las diferencias.

Uno de los elementos de los que se valió el proceso dictatorial analizado, fue el disciplinamiento social, que pretendía a través de diferentes medios sujetar las voluntades individuales, canalizando los anhelos, las ambiciones y los albedríos personales hacia fines generales. De esta manera, las aspiraciones particulares, los proyectos de vida al margen de la concepción dominante fueron aniquilados por esa tendencia a dominar y amaestrar. En la actualidad se siguen utilizando medios de disciplinamiento social por parte de los poderes de turno que persiguen distraer las opiniones y las ideas diferentes a las del poder de turno. Ello se evidencia, por supuesto, a través de medios más sutiles que los empleados por las dictaduras militares. Por ejemplo, se manifiesta mediante un intento de sujeción a través de las políticas de subsidios a las clases sociales más humildes, que generan dependencia del voluntarismo estatal. En una escala superior esta actitud se refleja con la política arbitraria de coparticipación que limita el accionar de los gobernadores provinciales, y permite “castigar” a quienes piensan diferente con la quita de fondos económicos vitales para el desarrollo de sus economías locales. Además de estos medios se utilizan otros quizás más intimidantes, como la utilización de organismos de control que se dirigen especialmente a investigar a quienes se oponen abiertamente al régimen (tal el caso del envío de inspectores de organismos de control tributario como la AFIP), lo que sucede con otros órganos administrativos de contralor que aplican sanciones de manera arbitraria (por ejemplo, aquellos que controlan a los medios de comunicación -AFSCA-).

Finalmente, intentando trazar un paralelismo entre estas dos épocas bien diferentes, hay que mencionar que no obstante la presencia de un gobierno democrático se siguen sucediendo hechos de desaparición de personas, que si bien distan de alcanzar las características del gobierno militar, no dejan de producir escozor en la sociedad. Tal el caso de las víctimas de la trata de personas. Hablamos de mujeres que son secuestradas con la finalidad de trasladarlas a centros de explotación sexual, muchas veces con la complicidad de las fuerzas de seguridad y hasta del poder político. Se manifiesta así una situación en la cual estas personas desaparecen casi sin rastros, y muy pocas veces se sabe de ellas. Otro tanto sucede con los niños y niñas, raptadas del poder de sus padres, y que son “vendidos” al extranjero en un comercio espurio también ante la mirada casi indiferente del poder de turno. No hay que dejar de mencionar el caso de la desaparición de Julio Lopez, quien fuera testigo en un juicio contra los represores y el cual ya es considerado el desaparecido 30001, con el agravante de haberlo sido en plena democracia y de quien hasta el día de hoy no se sabe nada de él.

La Historia Oficial

Argumento de la película: ganadora de un Oscar a la "mejor película de habla no inglesa", está ambientada en el año 1983, un año después de la Guerra de Malvinas y 7 años posteriores al Golpe de Estado. Una profesora de historia, Alicia, y su marido, Roberto, adoptan a una niña, Gaby. El marido de Alicia es un hombre que hace negocios con los militares, por lo cual siempre expresa su apoyo hacia ellos. En cambio, Alicia, cuando Gaby cumple 5 años, comienza a preguntarse sobre el origen de su hija. Allí es donde empieza a dudar si ella es hija de una madre desaparecida durante la dictadura o no. Mientras tanto, se encuentra con una vieja amiga, Ana, y esta le cuenta que vivió 36 días secuestrada en un Centro Clandestino de Detención y Tortura y luego debió exiliarse. Alicia comienza a investigar sobre el origen de su hija y durante esta búsqueda se encuentra con una Abuela de Plaza de Mayo, la cual le cuenta la historia de su hija y su desaparición durante el Golpe de Estado. Esta abuela le muestra fotos donde se observa un importante parecido entre la niña y la mujer desaparecida ; en ese momento Alicia empieza a tomar conciencia sobre la sustitución de identidad que se realizaba en esa época y la sustracción que realizaban los militares con la identidad de los niños,pero al descubrir que Gaby es hija de un desaparecido, debe enfrentarse a su marido para conocer la verdad acerca de la adopción ilegal que este realizó.




Comment Stream