EL DELTA DEL TIGRE

En el noreste de la Provincia de Buenos Aires, la región del Delta aparece desplegando una inconmensurable naturaleza que tienta a los visitantes con sus paisajes únicos, la serenidad, y un modo de vida muy diferente al que espera a sólo a unos 30 kilómetros, en la Capital Federal.

El Delta del Tigre regala un particular encuentro con la naturaleza y la historia. Aquí, el río Paraná se abre formando su propio delta y una multitud de canales, arroyos y (otros) ríos se apropian del paisaje. Conocerlo es fácil. Tomando el Tren de la Costa en la estación Maipú, bordeando el río, se llega a la estación Delta, una vez allí las alternativas son múltiples. Se puede elegir entre una excursión a medida o recorrer los canales en una de las lanchas colectivas que emplean los isleños para desplazarse en su cotidianeidad. Durante el paseo, puede visitarse un área de islas interconectadas por puentes y caminos, acercarse a una casita blanca protegida por una gigantesca urna de cristal que fue propiedad del Presidente Domingo Faustino Sarmiento en el siglo XIX, visitar las casas de Haroldo Conti en Arroyo Gambado y la de Rodolfo Walsh sobre el río Carapachay, comer en un típico restaurante ribereño o pasear sin rumbo fijo entre espléndidos sauces llorones. A la vera del río, se disparan las opciones: el Parque de la Costa, el casino Trilenium, la villa de Marcos Sastre, el edificio del Club de Remo conocido como Tigre Hotel, las pérgolas de la plaza Manuel Belgrano, el Museo Naval de la Nación. Antes del regreso, bien vale dedicar unas horas para hacer compras en el Puerto de Frutos, un famoso mercado al aire libre emplazado entre calles vestidas con los colores de rústicos tejidos, muebles, adornos y accesorios fabricados en caña y mimbre; un mundo de mostradores donde podrán degustarse deliciosos dulces y mieles caseras; adquirir flores brillantes y, por supuesto, toda la variedad de frutas locales.

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