Buscando un sentido a nuestra vida...

Crisis de sentido

Durante siglos nos hemos apoyado en discursos sociales fundamentales (religiosos, políticos, filosóficos, etcétera) para generar el sentido que necesitábamos para seguir viviendo. Esos relatos contestaban a las preguntas acerca de por qué la vida, nosotros y el mundo tenían un sentido. El debilitamiento de estos discursos fundamentales y su creciente incapacidad para generar por sí solos el sentido pleno de la vida que necesitamos, es un rasgo de nuestro tiempo. Este rasgo histórico, llamado la condición posmoderna, nos deja en una recurrente crisis de sentido, donde las respuestas religiosas, políticas y filosóficas del pasado no pueden darnos salidas de forma tan efectiva como lo hicieron alguna vez. Se trata de una situación cultural en la que aquello que dio sentido a la existencia en el pasado inmediato, debilita su  vigencia en el presente. Los individuos que viven en esa coyuntura histórica fueron formados en creencias, valores, conductas y maneras de ser que ya no sintonizan con la nueva situación y con el espíritu de los tiempos que corren. Se pierde contacto con las ganas y crece el desgano.  Muchos de los males sociales de hoy han sido respuestas, frecuentemente desesperadas al sentido del que carecemos.

En la actualidad la posibilidad de disponer de aquello que les hace falta a las personas para lograr un razonable confort, ya no depende del crecimiento de las fuerzas productivas, sino de la reorganización del sistema de distribución y del replanteo de los objetivos de la producción misma. Las necesidades no satisfechas tienen que ver cada vez más con la gigantesca concentración de la riqueza en pocas manos y menos con las limitaciones de la capacidad social de producir. Al mismo tiempo ocurre que las personas son desplazadas de sus puestos de trabajo por la robótica, haciendo que crezca el desempleo, la pobreza, las quiebras y el sin sentido. En la medida en se profundiza esta brecha entre el “progreso tecnológico-productivo” y el cuidado de la vida, la crisis se agudiza. Así es como proliferan el mal uso de las fuentes de materias primas, la contaminación ambiental y la depredación de recursos naturales. Y junto al incremento del gasto en armamento, el hambre y la miseria de millones. Para el mundo del progreso material, que dio forma a nuestra existencia, la vida de cada persona tenía sentido en la medida en que fuese útil y lograse un incremento de su dominio sobre cosas y/o personas. Hoy este paradigma de la modernidad está muriendo. El crecimiento de la capacidad productiva ya no es una cuestión de interés principal en el cuidado de la vida. Y lo que es aún más preocupante: si seguimos avanzando en la dirección señalada por la voluntad de dominio y el deseo de poder, crecerá la desesperanza de muchos y  la miseria existencial de todos. Lo que daba sentido a la existencia ya no da sentido. Esta es la situación en la que está enredada nuestra existencia. Y por esto es apremiante que nos replanteemos el sentido de nuestra vida.

Consecuencias de la Modernidad

La masificación y el gregarismo contemporáneo se da no sólo por la monotónica arquitectura de nuestras grandes ciudades; se percibe también en esas grandes mareas de gente que deambula por las calles. Pero donde más se ve es en el estilo de vida de los jóvenes, no siendo ajenos a los adultos: todos visten de la misma forma, escuchan y cantan las mismas canciones, beben bebidas similares, en casi siempre los mismos horarios.

Les fascina la marca, la pilcha, el auto, la moto, el boliche, las zapatillas de onda, son fanáticos de un grupo musical, pesan mucho los amigos y/o las amigas que tienen, quienes muchas veces tienen más poder de decisión que la familia. Todos cuidan la pinta, el buen look, hay que usar lo que está de moda, lo que más se lleva. “Si todos lo hacen, yo…”.

Les "copa" vivir juntos, sentir el calor del grupo, compartir ropas, videos y bebidas. el mundo de la patota, que no tiene clase social.

Si viésemos a un grupo de adolescentes que pasea por la calle y le preguntáramos a uno de ellos a dónde van, es casi seguro que mirará a los amigos y les dirá: Che, ¿para dónde vamos?. él no lo sabe, ¿qué importa?, lo sabe el grupo y en él se siente seguro. Los códigos éticos y de decisión, los marca el grupo y tienen fuerza de decisión y de seguimiento. es difícil reaccionar personalmente, ser un yo con decisión propia.

Los grupos entre sí armonizan, tienen sus leyes y sus pactos, pero frente a otros grupos pueden ser enemigos intolerantes y violentos.

Parecería que el joven posmoderno al estar incluido en un grupo estuviera exento de la soledad, de la angustia y la depresión, pero no es así, el joven recibe mucho de su grupo pero no tanto como para impedirle la orfandad, ya que en el grupo las relaciones carecen de profundidad y no son personalizadas. La soledad lleva a la angustia y ésta desemboca en una "huida": droga, violencia o suicidio.

En este vídeo titulado "Young, wild and free" que significa "Joven, salvaje y libre", podemos ver como los jóvenes encuentran sentido a su vida emborrachándose, consumiendo drogas y de fiesta, sin importar si alguien los ve o si lo que hacen es legal o no, el único sentido que le ven a la vida es pasarla bien y divertirse. Claramente se ve una crisis del sentido del paradigma de vida en la modernidad y de valores.

Masificación y Gregarismo

Qué hacer?

Sócrates decía “Conócete a ti mismo”. Dicha máxima nos lleva a volver a la filosofía practicada en la antigüedad, una filosofía más práctica y centrada en el hombre que nos permita desarrollar un modo de vida que implica una conversión profunda (compromiso personal)  y que influya en todos los aspectos de nuestra vida, desde los más trascendentales como la profesión o la relación de pareja, hasta los más mínimos como la forma de vestirse, de hablar o de comer, llevándolo a acabo a todas las horas del día, desde que uno se levanta hasta la hora de dormir. Necesitamos interrogarnos por el sentido que habitualmente organiza nuestras acciones, sentimientos, emociones y conversaciones. También necesitamos estar atentos para registrar lo nuevo que aparece en nuestros deseos más íntimos: allí encontraremos señales para proyectos y acciones inéditas que nos permitirán afirmarnos en nuevas maneras de ser y de vivir.

En este vídeo estamos llamados a tomar una actitud positiva frente a la vida y a saber que cada una de nuestras vidas tiene un sentido, sólo queda en nosotros descubrirlo. Todos tenemos esas ganas interiores de saber cual es el sentido de nuestra existencia, hay que dejarlas salir y ponernos a pensar sobre nosotros.

“Haz  como el escultor de una estatua que debe ser bella: quita lo superfluo, endereza lo que es oblicuo, limpia lo que es oscuro para hacerlo brillante y no dejes de esculpir tu propia estatua hasta que el resplandor divino de la virtud se manifieste”. (Platonio)


La Posmodernidad y la Tecnología

Hay otros fenómenos sociales, culturales y económicos que han permitido a la posmodernidad afirmarse y crear su identidad: la Revolución Electrónica que también se puede llamar la Revolución Digital o Tecnológica.

La Revolución digital es el cambio de la tecnología mecánico-análoga y electrónica, a la tecnología digital que comienza en los 80s y continúa hasta la actualidad. Estos cambios fueron introducidos por el surgimiento de la computación digital y las nuevas tecnologías de la comunicación.

Durante la mayor parte de la historia de la humanidad, el ritmo de dichas innovaciones fue lento, sin embargo, a partir de la segunda guerra mundial la humanidad ha experimentado un crecimiento exponencial en el uso y desarrollo de la tecnología.

Los chicos de esta época intuyen los secretos de la mágica electrónica como quien vive en su mundo; frente a las computadoras y a las máquinas, se sienten como en su casa. La internet modifico la mentalidad de los adolescentes, hizo que se preocuparan más por estar en frente de una computadora que por salir a conocer el planeta en que vivimos, ésto es lo que llamamos pertenecer a la “Galaxia Marconi”.  El término “galaxia” expresa perfectamente al conjunto simultáneo y recíproco de diversos factores no directamente relacionados entre sí.

El filósofo Marshall Mc Luhan es quien inventa la expresión “Galaxia Marconi”:

Marshall Mc Luhan


  • Primero está la edad de la palabra;
  • En segundo lugar aparece la edad de la escritura y de la imprenta “Galaxia Gutenberg” (Este período comprende los casi cuatro siglos que van desde la difusión de la imprenta en la Europa de la modernidad hasta las primeras décadas del siglo XIX, cuando el telégrafo cambiaría para siempre la historia de la comunicación humana);
  • Luego cuando se llega al pensamiento lógico y analítico;
  • Y finalmente la era de los medios visuales llamada “Galaxia  Marconi”, donde lo importante es que “el medio es el mensaje”.

Crisis de Valores

Una de las características negativas de la sociedad posmoderna es la llamada: “crisis de valores”. Los valores tradicionales, que solían fundamentar los sistemas normativos y ser “orientadores de la conducta”, ya no tienen vigencia. Se prioriza ante todo el dinero, lo superficial, lo material, el como me veo.

Estos valores faltantes, han sido reemplazados por un sentimiento de vacío que trata de rellenarse con una constante búsqueda de algo que nos haga plenamente felices por un rato, por algo placentero, dando así origen al hedonismo (buscar lo placentero en todo).

Así también estos valores fundamentales pasan a un segundo plano, lo que antes se consideraba escencial para desarrollar una buena vida en sociedad, en familia, e individualmente se pasa a un nivel inferior y toman protagonismo el antes mencionado hedonismo, consumismo, materialismo, nihilismo, comunicación interpersonal, superficialidad, etc..  y como otra característica de esta crisis podemos mencionar que al hombre solo le interesa el “yo”,  no se preocupa por el prójimo, construyendo así una sociedad egoísta.

Esta crisis se debe también a la ambigüedad que nos presenta la época: hoy conviven amenazas de guerra y destrucción con movimientos carismáticos; escándalos de corrupción de todo tipo,  con movimientos de comunidades cristianas comprometidas; bandas de terrorismo juveniles,  con bloques de jóvenes en busca de la paz perdida.

Valores sigue habiendo ya que algo tiene que orientar las preferencias y elecciones de los humanos. Pero son valores fácticos llamados “valores de mercado”, lo cual no distingue entre lo categóricamente bueno o malo, ni entre lo justo o lo injusto.

No se trata de ideales políticos, indignación o revoluciones, simplemente consiste en aterrizar de nuevo a este mundo, ver quiénes somos y que estamos rodeados por iguales que con solo un poco más o menos suerte podrían haber llegado a nuestro lugar si hubieran tenido la oportunidad.

El miedo se ha instalado en nuestras vidas: miedo a amar, a ser vulnerable, a no tener, a las enfermedades, al cansancio mental y físico, al paso de los años, al exceso de obligaciones y a la falta de sentido de la vida, etc. Y en este miedo muchos buscan la excusa para robar, matar, mentir, traicionar, no trabajar, sobornar, para ser cruel con otros.

Nada es suficiente, siempre se quiere más…se han perdido los parámetros. La codicia forma parte de nuestra realidad cotidiana.

Hoy, debemos recuperar el contacto con la naturaleza y confiar en nuestro conocimiento interior, escuchar sus consejos. Como lo dice el libro Las voces del desierto:“sólo cuando se haya talado el último árbol, sólo cuando se haya envenenado el último río, sólo cuando se haya pescado el último pez; sólo entonces descubrirás que el dinero no es comestible. Nací con las manos vacías, moriré con las manos vacías. He visto la vida en su máxima expresión, con la manos vacías“.

Crisis de la Razón

La modernidad elogió al hombre eficiente, productor, a quien sabía proyectar y hacer. Erigió a la razón como eje del progreso y base de los adelantos técnicos y científicos.

Estos ideales desencantan a nuestra época, que rechaza las ideologías y el pensamiento sistematizado y estructurado, poniendo en crisis los valores absolutos, la verdad y la ética.

La posmodernidad surge como respuesta al racionalismo de la modernidad, que buscaba reducir todo a la razón. A la creencia de que se podía llevar a la humanidad a un estadio superior (mejor calidad de vida) mediante el cientificismo. Denuncia el haberse convertido en un instrumento de manipulación de la naturaleza y del ser humano.

Estamos inmersos en una crisis de la razón. Con las guerras mundiales, las enfermedades, las bombas nucleares y la constante amenaza de las mismas ha surgido un descreimiento hacia la capacidad racional del hombre, hacia la creencia de dominarlo todo mediante la razón y de lo que ella surge.

Hoy se prefiere sentir, prescindir de estructuras mentales y vivir a impulsos del sentimiento, la libertad del gozar y no del pensar. La experiencia, la sensación vale más que todo discurso racional. Es algo muy común hoy en día la conciencia pragmática, hacemos solamente lo que consideramos práctico, y pensar no es algo que se considere como tal. Se hace lo que se siente y quiere en el momento sin mayores razonamientos, y sin ahondar en lo bueno o malo que aquello trae.

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