Beethoven en los infiernos

Actividad sobre la personificación de los instrumentos musicales, a partir de la tradición que asegura que el cuarto concierto para piano de Beethoven refleja el diálogo entre Orfeo y las furias, y luego, el fallido rescate de Eurídice, desvanecida por la impaciencia de su amado.

Ponte el vídeo todas las veces que quieras. Debes asociar, indicando minuto y segundo, cada una de las intervenciones del siguiente texto, así como las acotaciones (no es necesaria una precisión absoluta). Si te es difícil, prueba a agrupar varias intervenciones y acotaciones a la vez.

  • Furias: ¿Quien osa acercarse a este lugar? (0.05)
  • Orfeo: Piso este camino de terror con gusto. (0.19)
  • Furias: ¡Intruso! ¡Retrocede! (0.48)
  • Orfeo: Busco el gozo de mi vida... (1.02)
  • Furias: ¡No nos engañes! (1.26)
  • Orfeo: Abridme el portal oscuro. (1.33)
  • Furias: ¡No, jamás! (1.37)
  • Orfeo (dirigiéndose a su lira): Vosotras, cuerdas, resonad... (se dispone a tocar la más hermosa por doliente de las melodías). (1.42)
  • Furias: ¡Atrás! (1.47)
  • Orfeo (que sigue tocando): Piedad... (1.48)
  • Furias: ¡Atrás!(1.50)
  • Orfeo: Piedad... (1.51)
  • Furias: ¡Atrás! (gritan ya con menos fuerza: la música las ha ido aplacando... Orfeo sigue tocando y cantando sus lamentos). (1.53)
  • Todas las almas condenadas detienen sus sufrimientos gracias a tanta belleza. La música de Orfeo llega a oídos de Hades y Perséfone. (2.07)
  • Orfeo llega ante los reyes del Hades, a quienes suplica que Eurídice vuelva entre los vivos. Aceptan, pero con la condición de no mirarla durante el peligroso camino de vuelta. (2.11)
  • Orfeo siente la mano de Eurídice sobre la suya. Su corazón vuelve a latir de nuevo. No hacen falta las palabras. (2.34)
  • Las furias, de nuevo enfurecidas, se aproximan a lo lejos. (3.07)
  • Eurídice: ¡Ya vienen! (ambos aceleran el paso) (3.19)
  • Orfeo sale de la gruta. Ya no está en peligro, se frena... Pero le absorben los deseos de saber cómo está Eurídice. (3.35)
  • La impaciencia le traiciona. Orfeo la mira. Le pudo el miedo a perderla para siempre, la necesidad de protegerla. El sol ya bañaba sus cabellos. Pero uno de sus pies aún permanecía en el mundo de los muertos. Eurídice queda inmóvil. (3.50)
  • Las furias la alcanzan y reclaman su alma. El cuerpo de la ninfa comienza a evaporarse lentamente. (4.02)
  • Orfeo: ¡Eurídice! Último adios. Miradas de dolor. Miradas de amor infinito. Las manos de ella, ya intangibles, ya invisibles, se separan para siempre de las de Orfeo, que queda solo. Su corazón vuelve a pararse. (4.20 hasta el final).