Instauración del Nacismo

A punto de finalizar la Primera Guerra Mundial, el káiser Guillermo II huyó a Holanda y se proclamó la República, que estableció su capital en la pequeña ciudad de Weimar.

El primer presidente y su gobierno fueron socialdemócratas y elaboraron una constitución democrática. También se firmó el Tratado de Versalles, que establecía la paz con todas las potencias aliadas. Muchos lo consideraron humillante.

En 1921, Adolf Hitler se había puesto al frente de un pequeño partido, el Partido Nacional-Socialista del Trabajo de Alemania, lo reorganizó y lo impregnó con su ideología racista y totalitaria.

Bandera nazi

Hasta 1925 Alemania vivió años de crisis económica, miseria y paro. La República se vio amenazada por movimientos de izquierda y por varios intentos de golpes de Estado de extrema derecha. Uno de ellos fue protagonizado por Hitler con el apoyo de sectores del ejército.

En su libro “Mi lucha”, Hitler había expuesto su desprecio por la democracia parlamentaria, su odio al socialismo y al bolchevismo y la necesidad de expansión de Alemania que debería unir en un Gran Imperio (el Reich).

La retirada del capital estadounidense como consecuencia de la crisis de 1929 ocasionó el hundimiento de muchos bancos alemanes, lo que provocó a su vez cierre de fábricas, paro y malestar social.

En 1932 había más de 6 millones de parados en Alemania. La gente empezó a inclinarse hacia las propuestas de los partidos extremistas.

Como en Italia, la burguesía rica temió una revolución comunista y apoyó al partido nazi y a sus fuerzas paramilitares (las Secciones de Asalto, S.A, los camisas pardas).

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