El humanista digital

Juan Luis Suárez

La era digital ha transformado de manera profunda el sentido y la proyección de las humanidades. Pero no en el sentido catastrofista que algunos temen. Para Stanley Fish, el trabajo del académico de las humanidades empleado por una universidad para enseñar textos históricos, literarios o filosóficos ya no tiene justificación, ni interna ni externa. Las justificaciones externas atribuyen el valor de las humanidades a su habilidad para educar ciudadanos, a su capacidad de mejorar la economía del país y a la producción de profesionales demandados en el mercado de trabajo. La justificación interna ofrece a los humanistas un privilegio que no es económicamente sostenible y que además tiende a irritar al público: practicar las humanidades da al humanista un enorme placer. Dicho de otra forma, el problema con el entorno académico de las humanidades es el problema de la creación de conocimiento y la capacidad de realizar investigación relevante para su propia disciplina. Más que nada, sin embargo, se trata de volver a los humanistas relevantes no para sí mismos, sino para la sociedad a la que pertenecen. ¿Puede el análisis humanista y el comentario de textos crear el conocimiento cultural requerido por las sociedades contemporáneas para crear sentido en un mundo crecientemente complejo? La respuesta a esta pregunta determinará el asunto de este ensayo, el futuro de las humanidades y el desarrollo de las humanidades digitales.

Complejidad cultural y humanidades

Durante un largo periodo de tiempo, los textos han sido el vehículo principal de información para el análisis humanista de objetos culturales como pinturas, libros u otros textos, los cuales además transmitían las sofisticadas habilidades necesarias para emprender este análisis. El acceso a los textos era el acceso a la cultura. Sin embargo, esto ha cambiado gracias a las nuevas prácticas sociales y tecnológicas que han venido a dominar a las generaciones más recientes. Los jóvenes están «haciendo más cultura» que nunca, pero los humanistas sienten que no poseen las habilidades ni la autoridad para involucrarse con estas nuevas prácticas. Como las formas tradicionales de crítica textual han ido perdiendo su posición central en la organización de los discursos acerca de la cultura, la brecha entre las prácticas culturales y las habilidades humanísticas se va haciendo cada vez más ancha. Se puede pensar que este desplazamiento solo afectó a los humanistas que trabajan en asuntos contemporáneos más susceptibles a las nuevas tecnologías, en tanto que los humanistas que trabajan en el pasado podrían considerar que sus dominios están a salvo y sus habilidades son todavía eficaces. Pero como los archivos de todas las prácticas culturales están siendo digitalizados en un proceso irreversible y la cantidad de información disponible en el mundo crece a ritmos incontrolables haciendo que «se olvide» cada vez más del pasado, en realidad son todos los humanistas los que se están viendo afectados por tres retos: acceso, comunicación y análisis.

El acceso se ha convertido en una nueva práctica humanista crucial por la estrecha relación entre las presiones imperiosas del mercado para comercializar nuevos productos y tecnologías y las agendas digitales de los gobiernos dirigidas a modernizar las economías nacionales y regionales. Los humanistas que no dominen las destrezas necesarias para tomar ventaja de las nuevas tecnologías digitales se arriesgan a ser marginados dentro del nuevo ecosistema digital que está surgiendo. Más allá del acceso, la comunicación se está convirtiendo en algo más complicado sin una renovación de la caja de herramientas de las humanidades. No voy a analizar cómo motores de búsqueda, teléfonos celulares, redes sociales o música digital han impactado la forma en que interactuamos entre los seres humanos y con los objetos culturales. Es suficiente con decir que el alfabetismo digital se ha transformado en una necesidad para que los humanistas recuperen alguna relevancia en la comunicación con la sociedad, tanto dentro como fuera de las aulas. Puesto que la digitalización ha cambiado de manera radical la naturaleza de los textos y ha producido el surgimiento de los datos en sí mismos como un nuevo sujeto de investigación, los modos de interpretación tradicional no son ya suficientes en el trabajo humanístico de disección, descomposición y reensamblaje de textos como parte de un conocimiento cultural más amplio. La cultura ya no es solo textos. De acuerdo con la definición de Peter Richerson y  Robert Boyd, la cultura es «información capaz de afectar la conducta individual que ellos adquieren de otros miembros de su especie a través de la enseñanza, imitación y otras formas de transmisión». La digitalización global de archivos, así como la naturaleza digital de muchas de las prácticas culturales y artísticas de la actualidad, han puesto a disposición de lo investigadores una variedad de formatos y una cantidad de datos que ha cambiado completamente el tablero de juego. Como sucedió con la invención de la imprenta, las nuevas tecnologías de digitalización ofrecen al humanista la oportunidad de extender la escala de su investigación y validar su debate más allá del dominio de la evidencia textual y las destrezas humanísticas tradicionales. Por ejemplo, las técnicas de procesamiento del lenguaje natural ofrecen a disciplinas como la literatura comparada la capacidad considerablemente ampliada de comparar tendencias, diferenciar peculiaridades o indicar patrones similares entre millones de libros. Esta habilidad para estudiar fenómenos a través de diversas culturas y en escalas geográficas y temporales diferentes, así como el recurso a diferentes tipos de evidencia, ofrece una oportunidad sin precedentes para reivindicar la importancia «tradicional» de las humanidades para el siglo XXI reformulando la pregunta central acerca de qué es ser «humano» en diferentes culturas.

En un artículo reciente sobre sistemas complejos e historia, Alan T. Wood propone que la globalización y la revolución digital han empujado a la adopción de un nuevo punto de vista acerca de la historia global, anclada dentro de lo universal, lo ecológico y la perspectiva de sistemas. Esta historia toma elementos de los sistemas globales pero los organiza alrededor de una comprensión de la experiencia humana que combina la complejidad de las teorías de la ciencia y las filosofías holísticas del este asiático. Por un lado, la mayoría de los grupos de investigación alrededor del mundo que trabajan en sistemas complejos analizan sistemas económicos, sociales o biológicos en lugar de sistemas culturales (véase, por ejemplo, Complexity: A Guided Tour de Melanie Mitchells). Por otro lado, la investigación tradicional en humanidades continúa siendo, en su mayoría, una misión solitaria, en muchos casos refractaria al uso de las nuevas tecnologías y enfocada en tipos específicos de objetos culturales como la literatura, el arte, la filosofía, etc. En un sentido, los problemas globales, cada vez más complejos, precisan de acercamientos desde múltiples perspectivas y disciplinas para poder describirlos apropiadamente. Sin embargo, nuestro conocimiento acumulado acerca de objetos culturales y artísticos, procesos y fenómenos está usualmente limitado a artes, espacios y períodos de tiempo específicos, o a expresiones humanas definidas por sus respectivos expertos. ¿Sería posible integrar este conocimiento para poder solucionar los complejos problemas que la humanidad está enfrentando hov? Combinando los marcos teóricos de lo sistemas culturales complejos, un acercamiento de equipo a la investigación y el uso de tecnología digital avanzada, se harían mucho más relevantes para nuestra sociedad las preguntas típicamente propuestas por los investigadores humanistas. En un nivel teórico, este acercamiento agrupa los principales temas de la historia cultural, la experiencia humana y los sistemas complejos en tres aspectos principales: áreas culturales, comunidades culturales y contextos culturales.

Tres cuestiones palpitantes

Las preguntas centrales asociadas a las áreas culturales son: ¿Cómo están formadas las áreas culturales? ¿Cómo cambian a través del tiempo? ¿Cómo fluye la información dentro de un área cultural? ¿Cómo cambia la información cultural cuando se mueve de un sector o grupo a otro en la misma área? El estudio de las áreas culturales requiere un acercamiento a la cultura que registre, monitorice y explique la distribución de símbolos, creencias, valores y representaciones en grupos del pasado y del presente, y que cuestione cómo estos procesos están conectados a patrones de variación cultural.

El entendimiento de las áreas culturales y de sus infraestructuras informacionales está cercanamente ligado al tema de la comunidad cultural. ¿Qué es una comunidad? ¿Cuál es el rol de la información en la construcción y consolidación de las comunidades? ¿Cómo ayudan las creaciones culturales a sostener dichas comunidades? El saber cómo las comunidades se forman y se disuelven sigue siendo un problema crucial tanto para entender las comunidades formadas en Internet como las que se crean fuera. De hecho, en la era de Internet la escurridiza noción de comunidad aparece como la clave para descifrar las nuevas formas de organización social, las nuevas formas de preservar y transmitir contenido y la comprensión de los procesos cognitivos relacionados a los patrones de consumo individuales y grupales. ¿Es válida la definición de cultura de Sperber y Hirschfeld en la era de Internet? Para ellos, un grupo cultural «se mantiene unido por un constante flujo de información, la mayor parte de la cual se refiere a circunstancias locales pasajeras y no se transmite más allá de ellas... La "cultura" se refiere a esta información ampliamente distribuida, su representación en la mente de las personas y su expresión en sus conductas e interacciones». La revelación de las estructuras y mecanismos comunes que permiten la creación y recreación de contextos culturales en diferentes escenarios es la clave para entender la complejidad cultural. Las principales preguntas de investigación aquí son: ¿Cómo interactúan los contextos culturales con las capacidades cognitivas individuales? ¿En qué medida los contextos culturales específicos condicionan la evolución de patrones culturales en una comunidad? Para Sperber, las habilidades cognitivas humanas actúan «como un filtro en las representaciones capaz o posible de ser ampliamente distribuido en una población humana, es decir, capaz o posible de convertirse en representaciones culturales». Este proceso conduce en dos direcciones. Una se relaciona con la distribución de representaciones culturales a través de áreas y de la formación de redes de representaciones, así como a la consideración de una cultura, en palabras de Donald, como «una red cognitiva gigante, que define y constriñe los parámetros de la memoria, el conocimiento y el pensamiento de sus miembros, como individuos y como grupo». La segunda dirección nos devuelve al enfoque tradicional de la investigación humanística: el sujeto humano y su contexto cultural como reflejo de las capacidades de este sujeto para construir modelos de sí mismo y de los otros. Para Quartz y Sejnowski esta habilidad es «el puente que llevó a nuestros ancestros sobre el Rubicón mental. Es la base de la cultura humana -lenguaje, conducta social compleja, maneras de concebir el mundo e instituciones- que son la clave de quienes somos». Al jugar un papel fundamental en los procesos específicamente humanos de la cognición y el aprendizaje, el contexto cultural explica cómo, según Tomasello, los humanos entienden «a un compañero de comunicación como un agente intencional con el cual se puede compartir atención», creando así una situación intersubjetiva que puede ser activada de diferentes formas -co-presencia perceptiva, imaginación u objetos culturales.

Las principales preguntas de investigación cuando se trabaja en complejidad cultural desde el punto de vista humanístico, están relacionadas a las calidades de las redes y a las conductas emergentes derivadas de las interacciones culturales humanas. ¿Cómo se pueden recopilar datos precisos a gran escala y de manera dinámica acerca de estos objetos culturales? ¿Hay alguna tendencia en la visión obtenida? ¿Cómo podemos evaluar y corregir esta tendencia? ¿Cómo se pueden describir la serie de gráficos obtenidos y extraer información relevante y correlaciones escondidas a partir de dichos gráficos? ¿Cómo se pueden describir sus dinámicas y su estructura global? ¿Qué modelos son relevantes para la simulación y análisis formal? ¿Cómo podemos reconocer la comunidades/módulos en las redes? Y, desde un punto de vista mucho más computacional, ¿cómo tratar una cantidad tan grande de datos y visualizaciones? Resolver de una manera efectiva estos problemas es parte de la agenda de investigación de las nuevas humanidades digitales, y comunicar estas soluciones al público es un aspecto central del rol del humanista como intelectual.

Las humanidades tienen historia y futuro

Que las humanidades, los originalmente llamados studia humanitatis, tienen una historia y han cambiado a través del tiempo debería ser obvio. Los historiadores han establecido su nacimiento en las disputas que durante el Renacimiento tienen lugar en las universidades europeas entre escolásticos y humanistas -estos últimos en aquel tiempo simplemente promotores de un nuevo currículo universitario relacionado con la gramática, la retórica y la lectura de los recién redescubiertos autores clásicos. Sería natural pensar que desde entonces las humanidades se han ido adaptando a los nuevos contextos políticos y culturales dentro de los cuales se les ha pedido desempeñar su labor educativa. No parece lógico pensar que Vives, Cervantes, Jaeger o Frye estaban haciendo exactamente lo mismo cuando manifestaban -si es que lo hicieron- que ellos eran humanistas y que practicaban las humanidades. Sin embargo, a pesar de su actual crisis, el campo parece incapaz de moverse más allá de los métodos usados en los departamentos de Historia, Filosofía o Literatura en los últimos cincuenta años. El mantenimiento de este estado de cosas no solo sigue impidiendo el debate acerca del futuro de las humanidades, sino que ignora el hecho de que, desde su surgimiento en el Renacimiento, han prosperado precisamente debido a su naturaleza cambiante. La versión de las humanidades conocida en la última parte del siglo pasado es solo eso, una versión, un capítulo, una parte de una historia que merece la pena seguir escribiendo.

La tarea a realizar requiere bastante ingenio y algo de experimentación, dos de las tendencias intelectuales más valiosas en un humanista, pero sobre todo habilidad de manejar el lenguaje digital. Con estas herramientas en la mano, las nuevas humanidades tendrán éxito haciendo lo que las humanidades siempre han hecho bien: ofrecer modelos, preguntas y técnicas para la discusión activa acerca de la vida mejor. Esta es la responsabilidad social de los humanistas como intelectuales públicos y es la contribución de las humanidades a una cultura de la esperanza en el siglo XXI.

Reproducir y transmitir el conocimiento colectivo no es solo útil, también extremadamente necesario. Hay dos cuestiones relacionadas con la reproducción y transmisión de este tipo de conocimiento. Primero, el humanista ha de poner al día su caja de herramientas con el fin de ser capaz de recopilar, reproducir y comunicar datos en la nueva economía digital. Segundo, las formas tradicionales de recopilación y reproducción de conocimiento son insuficientes para mantener la relevancia de las humanidades. Los nuevos ecosistemas sociales y tecnológicos demandan circuitos de información alternativa que socavan las jerarquías del trabajo académico y, de este modo, abren formas diferentes de colaboración y producción que van más allá de la catalogación humanista tradicional del conocimiento. Es bueno tener presente que el humanismo renacentista cristalizó en gran parte a través de la oposición de profesores de studia humanitatis a las oscuras e irrelevantes técnicas dialécticas de las disciplinas escolásticas. Igualmente importante para los humanistas fue la fuerte resistencia contra la especialización, la cual percibían como un obstáculo mayor para la agenda política y educativa del proyecto humanístico. En este sentido, es fundamental recuperar el papel del que habla Francisco Rico cuando se refiere a los primeros humanistas como «invasores» de todos lo campos del conocimiento que tenían como objetivo ayudar a la sociedad a imaginar mejores vidas para sus individuos.

En 1470, al regreso a España después de su formación en Italia, Antonio de Nebrija asumió como misión propia la erradicación de lo que él veía como el barbarismo de los profesores de Escolástica cuya enseñanza se basaba en comentarios de comentarioss de comentarios, usualmente acerca de Tomás de Aquino y otros maestros de filosofía medieval. En su lugar, Nebrija buscó exponer a los estudiantes a la fuente de lo que se convertiría en el núcleo de la cultura moderna occidental: los autores clásicos. Siguiendo el ejemplo de Nebrija, podemos decir que una de las tareas de las humanidades hoy en día es la de ayudar no solo a los estudiantes sino también a la población en general a reorganizar este canon. Sin embargo, la información ahora viaja más rápido que la imitación, haciendo muy difícil la adquisición de formas tradicionales de conocimiento, excepto en el poco probable (e indeseable) caso en el que los estudiantes se aíslen del mundo que los rodea. Aun así, el acceso a un repositorio de conocimiento garantiza el sostenimiento de la memoria colectiva y, por tanto, provee puntos de referencia importantes para la acción humana. Estos repositorios también ofrecen ejemplos, casos y modelos verdaderamente útiles, a los cuales se puede recurrir de manera inductiva cuando sea necesario, es decir, de acuerdo con el método humanístico original. La tarea del humanista del siglo XXI será la de desarrollar las competencias técnicas y sociales necesarias para usar este cuerpo común de lenguaje y establecer una conversación permanente con la circunscripción natural del humanista: el público.

Esta cultura común es necesaria para sostener a la comunidad. Si «todo» lo que existe es un grupo de trabajadores de las humanidades que dan clases a grupos aún más pequeños de estudiantes, entonces Stanley Fish está en lo cierto cuando arguye que las humanidades se han vuelto irrelevantes. Históricamente, han sido más relevantes cuando se han ocupado social y políticamente en intervenir en los procesos de comunicación que afectaron al pasado, al presente y al futuro de sus comunidades. Estoy convencido de que las humanidades son y seguirán siendo no solo necesarias sino también relevantes siempre que empleen conocimientos en el campo digital para formar nuevas vías de acceso, organización y comunicación del conocimiento al público. El hecho de que hayan sido especialmente efectivas para organizar y reorganizar el conocimiento colectivo del pasado, las conviene en una herramienta poderosa para organizar y comunicar este conocimiento en el futuro.

Es importante distinguir entre el proyecto cultural y político conocido como humanismo, y las disciplinas separadas que se recogen bajo el paraguas de las «humanidades», técnicas para acceder, consolidar y transmitir el conocimiento fundamental para una reproducción cultural de la sociedad. ¿Qué modelos de seres humanos están proponiendo las humanidades al público cuando los humanistas insisten en un cierto canon de conocimiento? Es importante que los humanistas hagan explícito al público el criterio real usado para establecer este corpus, seleccionado de un maremágnum de artefactos culturales. Para que este corpus sirva como modelo de una mejor vida, este criterio no puede constituir un ejemplo moral obligatorio. Más allá de constituir abolutismos, exclusiones o simplificaciones, estos modelos deben demostrar las complejidades de las vidas humanas y así dejar claro, dentro del método de las humanidades, el humanismo plural representado por estos modelos.

La pregunta que inmediatamente surge es si Erasmo en el siglo XVI y Jaeger en el siglo XX están usando los mismos métodos y técnicas para hacer humanismo. El conocimiento y el tipo de autoconciencia que relacionamos con los métodos y tecnologías del humanismo, ¿son históricamente específicos o tienen validez universal y atemporal? En otras palabras, ¿cuál es la relación entre el humanismo y las humanidades? Aquí es donde la humanidades digitales se hacen relevantes para el humanismo del siglo XXI. Las humanidades han estado siempre ligadas a ciertas habilidades que han sido especialmente efectivas para ayudar a las comunidades a establecer sus archivos culturales. Combinando preocupaciones sociales apremiantes con material tecnológico, estas habilidades demostraron el ingenio de los intelectuales al servicio de sus públicos a través de la preservación de documentos acerca del pasado y, por tanto, asegurando a las comunidades que esas habilidades ayudarían a entender las complejidades de los problemas políticos y sociales del presente. La elaboración y selección renacentista de modelos humanos del pasado, la exposición a las creaciones humanas en el arte, la música y la literatura, la imaginación de otras formas de vivir la vida humana, todas estas posibilidades ofrecieron esperanza a las comunidades al demostrar que las experiencias personales y los dilemas éticos, por difíciles que sean, han sido vividos antes por otro ser humano y, de alguna manera, afrontados y superados en el pasado. Al crear, ajustar y diseminar estas habilidades, los humanistas cumplen su rol como intelectuales públicos.

Los retos actuales no son tan diferentes. Así como las tecnologías para reunir y transmitir conocimiento están cambiando rápidamente, de igual manera crece la responsabilidad pública del humanista para mantener lazos con nuestro pasado, crear formas comunales de conocimiento e interpretar la información de un modo que resulte significativo para el público. En este sentido, las humanidades del siglo XXI necesitan desarrollar dos caminos diferentes de los modos de crítica textual que dominaron las prácticas humanísticas durante la segunda mitad del siglo XX. Primero, las humanidades necesitan adoptar una metodología dirigida a crear conocimiento acerca de los complejos problemas culturales que afectan a la experiencia humana tanto a nivel global como comunitario. Segundo, para mantener una continuidad con su pasado reciente, las humanidades necesitan desarrollar métodos digitales para el análisis de información en múltiples formatos como bases de datos, corpus textuales, secuencias temporales en medios dinámicos y objetos multimedia. Estas técnicas mantendrían los componentes tradicionales de la crítica textual humanista, pero expandirían y mejorarían este acercamiento interpretativo de la crítica y su valor a través de un conjunto variado de fuentes de información, de formatos y de nuevas habilidades.

Humanidades digitales

¿Serán las humanidades del siglo XXI la ocupación de profesionales del texto que trabajan en los departamentos de Historia, Literatura y Filosofía de nuestras universidades? Para responder a esta pregunta hay que recurrir al modelo de investigación propuesto en el artículo «Quantitative Analysis of Culture Using Millions of Digitalized Books». Publicado en Science y escrito principalmente por científico (el lingüista Steven Pinker es lo más cercano a un humanista entre los autores), el artículo es un trabajo multidisciplinario y colaborativo en el que se tratan los efectos de los recientes esfuerzos por digitalizar texlos por parte de compañías como Google. Basándose en la construcción de un corpus de textos digitalizados que contiene aproximadamente el 4 por 100 (500 billones de palabras) de todos los libro impresos en algún momento, el artículo se interesa por el análisis cuantitativo de las tendencias culturales dentro de campo tradicionalmente humanísticos como la lexicografía, la gramática evolutiva, la memoria colectiva y la historia de la innovación tecnológica, entre otros. Los autores llaman al nuevo campo de estudio resultante de este acercamiento culturomics. «Como en el caso de lo fósiles de criaturas antiguas, el reto de la culturomics está en la interpretación de la evidencia». ¿Qué oportunidades ofrece este tipo de investigación a los humanistas y a las humanidades?

En un artículo reciente para el New York Times, Patricia Cohen, de una manera similar, condiciona el futuro de las humanidades a su habilidad para aprovechar el poder computacional de las tecnologías digitales. Al presentar cómo «las artes liberales se encuentran con la revolución de los datos», explora varios proyectos e iniciativas europeas y americanas relacionadas como la extracción de datos y las visualizaciones en los campos humanísticos de bases de datos existentes en la actualidad. Cohen propone que las humanidades digitales florecerán una vez que los humanistas dedicados a la investigación desarrollen las herramientas y métodos necesarios para analizar la vasta cantidad de datos existente hoy en día (algunos grupos de humanistas están comenzando a aprender cómo leer estos datos). Después de la digitalización inicial de las colecciones de museos y librerías de todo el mundo, los investigadores deberán aprender cómo descifrar los patrones que emergen de esos datos, de cuyas preguntas de investigación se formarán las nuevas humanidades.

Pero más allá de estas contribuciones, es obvio que para tener éxito las humanidades digitales deben adoptar la habilidad tradicional de las humanidades de proponer preguntas relevantes a la experiencia humana. Más allá de este modelo de investigación basado en la interpretación, deben adoptar un principio adicional: combinar fuentes de información para aprovechar al máximo los sistemas de bases de datos que el humanista necesita y responder así a las preguntas que tratan de las grandes y pequeñas áreas de la experiencia humana. En otras palabras, las humanidades no solo estudiarán la textualidad, sino que deberán rechazar reducirse a analizar datos cuyos patrones no han sido seleccionados por el propio investigador sino que han surgido del conjunto de datos mismo. A cambio, el diseño, catalogación, almacenamiento y extracción de información a partir de datos digitalizados formará parte del método humanístico, un proceso marcado en todas sus etapas por la interpretación. Este método no reduce la capacidad de estos datos para sugerir patrones inadvertidos o no anticipados; por el contrario, da la posibilidad al humanista de localizarlos dentro de un contexto específico que permite a otros investigadores e individuos hacer uso de estos patrones de acuerdo a los temas que encuentran relevantes para la experiencia humana, de acuerdo también con el contexto cultural, el área de la cultura o la comunidad cultural. De esta forma, los patrones emergen de los datos dentro de un contexto manejable que permite al humanista continuar siendo un intérprete y comunicador público de la experiencia humana.

En un artículo titulado «The End of' Theory», escrito por Chris Anderson para la revista Wired, ya se había abierto el debate de la revolución de los datos al público general. Anderson hace un recuento de la historia de las revoluciones científicas, terminando con lo que llama la revolución de la minería de datos y la visualización, que estaría marcada no solo por la obtención de respuesta sino por la aparición de nuevas preguntas para la ciencia. Para Anderson, la experimentación científica tradicional cambiaría drásticamente en esta era de la información: ¿Quién sabe por qué las personas hacen lo que hacen? El punto es que lo hacen y que lo podemos monitorizar y medir con una fidelidad sin precedentes. Con suficientes datos, los números hablan por sí solos».

La insistencia en el proceso en vez de en el producto está presente tanto en los acercamientos de Davidson como en el de los autores del «Digital Humanities Manifesto 2.0», quienes sostienen en la Tesis 26: « El proceso es el nuevo dios, no el producto. Cualquier cosa que se interponga en el camino de la perpetua mezcla y producción de nuevas versiones se interpone en el camino de la revolución digital. Las humanidades digitales significan erudición iterativa, colaboraciones movilizadas y redes de investigación. Hacen honor a la calidad de los resultados, pero también honran los pasos a través de los que dichos resultados son obtenidos como una forma de publicación de valor comparable. Minas de oro del conocimiento aún sin explotar serán encontradas en el reino del proceso». El Manifiesto también ofrece soluciones basadas en el estudio de la complejidad y la adopción de un abordaje multidisciplinar como paradigmas de la investigación humanística, en lo que ellos describen como la segunda ola en la evolución de las humanidades digitales. Mientras la primera fase habría sido esencialmente cuantitativa y basada en la creación y automatización de corpus lingüísticos y bases de datos, y en la digitalización de colecciones de documentos, la segunda ola, en la que nos encontramos, «aprovecha juegos de herramientas al servicio de las fortalezas metodológicas esenciales de las humanidades: atención a la complejidad, especificidad del medio, contexto histórico, profundidad analítica, crítica e interpretación».

Antes de que la alfabetización digital se convierta en realidad (y llevará años a las facultades de humanidades crear planes de estudios digitales) es necesario promover la mayoría de edad de una generación intermedia, formada por investigadores que no son nativos digitales, y que necesitan comenzar desde sus propios contextos y métodos de investigación para alcanzar un nivel mínimo y adecuado de alfabetización digital. Ellos serían humanistas digitales que aprenderían cómo diseñar y construir sus propias estructuras de datos vinculados, entenderían lo que son una tabla -una entidad- y una relación; lo que signiflca un grafo; en qué se diferencia una consulta de una búsqueda y sabrían cómo hacer una consulta a una base de datos; sabrían qué tipo de datos son necesarios para responder una pregunta específica y cómo estos datos deben ser almacenados. Lo que se requiere es una naturalización tecnológica -habituarse a la tecnología y la digitación- como medio para crear proyectos de humanidades digitales en la investigación y la enseñanza, y que continúen propagando los nuevos paradigmas al mismo tiempo que estos proyectos generan alfabetización entre grupos y generaciones afines. Idealmente, este proceso también emplearía metodologías tradicionales en un escenario que permitiese a los humanistas evaluar sus propias necesidades de investigación y recuperar cierto control sobre el diseño del camino futuro de las humanidades.

¿Cómo será esta primera generación de humanistas digitales? Continuará siendo intelectualmente cultivada, con un excelente conocimiento de su propia tradición, será tecnológicamente autónoma, e incrementará nuestro conocimiento de la experiencia humana a través del tiempo y el espacio gracias a la nueva información disponible y a su habilidad para interpretar esa información de formas significativas. Todo ello para servir al que siempre ha sido el propósito del humanismo: ofrecer al público nuevas vías para abrazar una mejor vida.

[Post e imágenes añadidas por A Petapouca]

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