PAISAJES DEL ALBA

DEL INFINITO Y MÁS ALLÁ

AMOR AMARILLO - GUSTAVO CERATI (1993)


Hasta que un día, por fin, da comienzo el viaje. Estás cansado de lugares comunes y sufrimientos antiguos. Algo en lo más recóndito del cuerpo, grita y exige aire, luz, salir al mundo, nacer, o mejor dicho, renacer.
Más tarde, quizás mucho más tarde, después de haber realizado un recorrido a momentos odisea, en ocasiones danza o gateo inseguro; te volverás a encontrar con esa voz diminuta que un día te despertó de tu larga modorra y te darás cuenta de que aquel tímido sonido eras tú, ese ser genuino que apenas si presentías y que sin ser escuchado había estado clamando durante largo tiempo.
Todo lo otro se habrá derrumbado como una armadura de hojalata que fue perdiendo poco a poco sus agarres. Aun quedan otras corazas, pero ya no impiden el paso a tu mirada, ya no detienen tus movimientos dejándote congelado y aturdido. Todavía ves camino por delante, pero esta vez lo miras sin temor. Detrás habrá quedado el trecho recorrido, en tu cuerpo se conservarán grabadas las etapas y tu corazón podrá latir más ligero.
Es de nuevo la metáfora del viaje. La utilizaron los grandes místicos, se trasladó a las leyendas y los cuentos, dio nombre a las experiencias con sustancias cuando su uso como evasión aun no las había convertido en un puente a la muerte. Recurrir a ella es inevitable, no hay otro nombre que reúna mejor las cualidades de esta experiencia única.
Psicoterapia, crecimiento personal, autoconocimiento… es igual la forma de nombrarlo; siempre es un viaje en busca del ser que perdimos a base de olvido y sobreadaptación. Esta ha sido mi propia experiencia y está siendo la de aquellas personas a las que puedo acompañar. La complejidad y riqueza del proceso dificulta su descripción. Lo que aquí quede plasmado sólo serán retazos, fragmentos de una experiencia únicamente aprehensible desde la propia vivencia.

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