Una Tarde en el Museo

Niños del jardín Almafuerte de Barrio Jardín fueron partícipes de una visita guiada en el Museo de Bellas Artes Evita, en marco de un proyecto escolar.

Frenesí. Velocidad. Apuro. El tiempo lento, y a la vez rápido, corre. Corre sin esperar a nadie, silencioso, y con él, corre la gente. Un millón de personas caminan las calles de la docta, todas en una masa uniforme que se mueven como las olas en el mar embravecido. Los autos, como cardúmenes multicolores se deslizan por las calles, estrepitándose para lograr escapar de ese infernal panorama.

Pero allí, en ese ensordecedor hábitat, hay un lugar en donde el tiempo parece nunca pasar, en donde las personas al fin encuentran tiempo para reflexionar, en donde es fácil escuchar los propios pensamientos. El Museo Superior de Bellas Artes Evita, más conocido como “El Palacio Ferreyra”, abre sus puertas a otra dimensión, en donde se está más allá del hoy, del tiempo y del espacio, demostrando lo que fue alguna vez la ciudad de Córdoba.

De aquel edificio inspirado en las escuelas de bellas artes parisinas, un grupo de mujeres mayores se va despidiendo, algunas sonriendo y otras comentando con gran asombro su empatía por algún artista allí expuesto.

Mientras ellas dejaban atrás ese gran cubículo de vidrio, instalado en la reforma del año 2007 como un nuevo ingreso, un grupo de pequeños infantes emprendía uno de los viajes que sería “lo más mágico que le podría pasar en su vida”.

Exclamaciones y gritos de asombro se escucharon resonar dentro del hall del palacio. Lo primero que sus inocentes y asombrables ojos podían captar era nada más y nada menos que la majestuosa escalera de puro mármol se levanta justo en medio de la sala. En el techo, el resplandor del sol se filtraba, creando un ambiente más natural y cálido.

Los niños se sentaron en el suelo, frente a una de las cuatro pinturas ubicadas en ese ingreso, representantes de las estaciones climáticas del año. Allí, junto a su señorita, un guía, y un actor disfrazado de pintor, que vestía con una camisa manchada de acrilicos, una paleta sucia, bigotes al mejor estilo Salvador Dalí, y un sombrero atravesado por pinceles, hicieron interactuar a los niños con la pintura preguntándoles acerca de los colores empleados, de qué sensaciones les causaba ese paisaje y el pasaje de las estaciones del año.

Unos minutos más tarde, el guía invitó a los niños a conocer el segundo piso del edificio, por lo que debieron enfrentarse a aquella escalera de tamaño colosal, a la cual subieron lentamente, escalón por escalón, con temor y ansiedad.

Esta vez la sala con la que se enfrentaron era considerablemente más espaciosa, luminosa, moderna. Su piso se reviste con tablones de madera de pino, y en el fondo, una pared completamente pintada de color lavanda. En los cuadros allí expuestos pudieron apreciar una persistencia del paisaje en la práctica local. Así las diversas travesías que componen la trama de esta temática les permitió intuir aperturas y renovaciones, tanto en la ciudad como en el campo.

Su tiempo dentro del palacio se fue acotando, y llegado el momento de partir, ninguno quería hacerlo. Se oyó a las señoritas reír asombradas, regocijándose en lo que parecía ser un "éxito a nivel educativo".

Así los niños de salita de 5 de la escuela jardin Almafuerte de Barrio Jardín, en la tarde de invierno de un 27 de Agosto, experimentaron la sensación de entrar en una realidad en donde el tiempo no existe, y la vida queda suspendida en un momento eterno.

Comment Stream